Leonardo González

Monterrey, México (22 julio 2017). – La danza es para las bailarinas una profesión a la vez ingrata, pero increíble y satisfactoria.

María Noel Riccetto, la renombrada bailarina uruguaya del Ballet Nacional del Sodre, en mayo ganó el Premio Benois de la Danse, uno de los galardones más importantes de la danza clásica en el mundo.

Riccetto, de 36 años, quien también fue solista del American Ballet Theatre (ABT), impartió esta semana un curso de verano en el Ballet de Monterrey a chicos y chicas de 8 a 25 años, acompañada del también ex bailarín del ABT, Flavio Salazar.

El premio Benois de la Danse es otorgado desde 1991 por la Asociación de Danza Internacional, en Moscú, en el Teatro Bolshoi, donde los jueces reconocen actuaciones excepcionales que se hayan dado en el mundo.

A Riccetto se le reconoció por su interpretación de Tatiana, en la obra “Onegin”, con la compañía uruguaya.

“El premio llega en un momento de mi carrera muy importante. Yo considero que estoy más al final que al principio, entonces es como la frutilla de la torta”, reflexiona la bailarina en entrevista.

 

1. Una carrera de éxitos

Riccetto se encuentra actualmente bajo la dirección del legendario director y coreógrafo argentino Julio Bocca, de quien dice haber aprendido mucho, y quien le ha dado la oportunidad de trabajar con jóvenes.

Entre los personajes que han marcado su carrera destacan aquellos en los que puede interpretar con fuerza las emociones humanas, dice. Como Tatiana, del ballet “Onegin”, y Julieta, de “Romeo y Julieta”.

“Tatiana, por el cual me han dado el premio, es un ballet que ha marcado mi carrera muchísimo. Es un personaje que recorre una historia de vida muy rica. Comienza siendo una adolescente, se enamora, sufre por amor y al final del acto le tiene que decir a ese gran amor de su vida que se vaya, que ella ya está casada”, menciona.

“Para una persona que no entiende de ballet, lo que lo mueve es lo que siente, y el poder llegar a mover gente en la platea y en la audiencia, no por levantar una pierna, (sino por las emociones) me parece que es grandioso”.

Otro de los grandes momentos en su carrera fue haber sido doble de la actriz Mila Kunis en la película Cisne Negro, de Darren Aronofsky.

2.  ‘Ingrato, pero increíble’

Aunque siente que está en su mejor momento artístico, la primera figura reconoce que desde hace tiempo el dolor físico es más evidente. Sin embargo, al salir a bailar todo eso se olvida.

“Ahora lo estoy sintiendo un poco. Hace un par de años que me levanto con dolores, y esos dolores no se van, se agravan. Es un poco poder manejarlos.

“Pero hay una parte muy mágica, que es que cuando uno sale al escenario. Se olvida de todo eso. Es también increíble. Es ingrato, pero increíble”.

Aún así, para Riccetto estas dificultades no son un sacrificio, sino parte de su pasión por la danza.

“Sacrificio involucra un montón de cosas muy grandes, y yo considero que siempre he estado haciendo lo que más me gusta”.

Para ella, justamente lo difícil de una carrera en el ballet es que cuando más alto se puede estar en el nivel artístico, el cuerpo comienza a menguar.

“Sí considero que es una carrera un poco ingrata de repente, pues cuando uno está en el pico de su parte artística la parte física no necesariamente acompaña. Y cuando un bailarín tiene 20 años, que en su parte física está en un momento increíble, no necesariamente se equipara con lo artístico, porque faltan muchísimas cosas por vivir.

“Faltan experiencias de vida, falta haberse enamorado en serio, haber sufrido por amor, haber sufrido una pérdida.

Un montón de cosas que me parecen sumamente importantes a la hora de estar arriba del escenario es poderlas representar verdaderamente”.

3.  Autocrítica de una estrella

Estar consciente de las fortalezas dancísticas, pero más aún de las limitaciones y tener capacidad autocrítica es esencial para una bailarina, menciona.

“Trabajamos rodeadas de espejos todo el tiempo. El que te mires al espejo y no puedas decir ‘esto no me sale’, me parece que hay que tener demasiada soberbia para ser así”, platica.

“Yo no soy así, soy realista, sé lo que me sale bien, sé lo que me cuesta, sé lo que no me sale y trato de seguir trabajando, de seguir mejorando y sacarle jugo a lo que sí me queda bien”.

Ella se describe a sí misma como lírica, delicada, destacada por su fineza.

“No soy una bailarina de bravura, que gire, que salte impresionantemente”, comenta.

“Me gusta mucho la parte de actuación, me gusta contar una historia, no soy de la cantidad, sino de la calidad”.

Entre sus planes están bailar otros dos o tres años más y retirarse cuando aún se encuentre en un buen nivel artístico, así como continuar con su academia de danza en su natal Montevideo y tal vez convertirse en madre.

“Espero seguir bailando hasta que las piernas digan, pero sí tengo muy claro que quiero dejar de bailar estando en un buen nivel y que la gente diga ‘¡ay, qué pena que se retira!’, y no que pidan por favor que me saquen del escenario”.